viernes, 10 de enero de 2014

El email


Pedro había perdido su trabajo, y después de buscar durante varios meses, lee en un clasificado: se busca un barrendero para una compañía de computadoras. Pedro se presenta en las oficinas y el gerente le pregunta sus datos, lo hace barrer, lo felicita y le dijo: 
– Pedro, el puesto es suyo. Deme su e-mail y le enviaré el día y la hora en que debe presentarse en las oficinas. 
Desconsolado Pedro contestó:
– Yo no tengo e-mail. 
–  ¡Vaya hombre! Pues lo lamento mucho, pero si no tiene e-mail, virtualmente no usted existe, y como no existe no le puedo dar el trabajo. 
Pedro salió desesperado, no sabía qué hacer, tenía sólo 10 dólares en el bolsillo. Luego de meditar por varias horas, pasa por frente un mercado de frutas y vegetales y decide comprar una caja de tomates de 20 kg. para venderlos de casa en casa por 2 dólares el kg, en menos de 2 horas Pedro había duplicado su dinero. Repitió la operación tres veces más y cuando terminó fue a cenar a un restaurante. Regresó a su casa con 120 dólares en el bolsillo. 
Al día siguinte Pedro salió muy temprano para el mercado a comprar más tomates. Caminó por toda la ciudad varias veces con su carga de tomate y logró duplicar, triplicar y hasta cuadriplicar el dinero invertido en un sólo día. 
Un mes después Pedro se compró una camioneta, al año siguiente la cambió por un camión, a los tres años ya tenía una pequeña flota de camiones. Después de 5 años Pedro ya era dueño de una importante distribuidoras alimentos agrícolas. 
Una mañana recibió a su agente de seguro. Cuando terminó la charla, el agente le dijo: 
– Estimado Pedro, por favor deme su e-mail para enviarle copia de la póliza. 
– Perdone usted, pero yo no tengo e-mail. 
Sorprendido el asegurador le contestó: 
– ¿Cómo? ¡Usted no tiene e-mail y logró construir este imperio!, no quiero imaginarme lo que sería esta empresa si tuviera un correo electrónico... 
– Si tuviera un e-mail, –contestó Pedro– hoy sería barrendero de una empresa de computadoras. 

(enviado por Portela)

Espíritu sensible

Por Enrique Del Risco 

¡Aquella gira que hicimos con la brigada cultural sí que fue histórica, Funes! ¿Te acuerdas de la jodedera en el tren? De verdad que allá se gozó. Pero, ¿tú sabes una cosa? De todo aquello, los recuerdos más impresionantes que tengo son los que tienen que ver con los niños. Porque es que los chamas son del carajo. Siempre te sorprenden. Tienen una mezcla de ingenuidad y lucidez que es algo tremendo. Para ellos no vale la hipocresía ni nada de eso. Te miran directo a los ojos, tranquilos, sin tener nada que ocultar... 
¿Por dónde iba?, ¡ah sí! Pues cuando llegamos a la cooperativa... ¿Cómo era que se llamaba? Yo-no-sé-cuanto-aniversario-de-no-sé-qué. Bueno, cuando llegamos los campesinos nos estaban esperando y les hicimos una obra de teatro infantil que teníamos montada. Después vino el despelote aquél con el grupo de danza de la gente de Filosofía. “Metafísica” le pusieron al grupo. Si Parménides los ve los hubiera mandado a fusilar. El caso fue que después del conversatorio sobre poesía y del trovador, les dimos a los niños crayolas, pinceles, acuarelas y plumones para que pintaran. 
Imagínate, los chiquitos aquellos que nunca habían cogido un pincel en la mano estaban locos haciendo dibujitos... Pache... ¿tú todavía los tienes? Tráelos mañana para que esta gente los vea. Bueno, entonces el tipo... No, no era eso. ¡Ya! Yo estaba mirando aquello cuando veo una niña (que no sé qué edad tendría por lo flaquita que estaba) calladita, con tremenda tristeza porque no sabía pintar. Eso me llegó al alma. Entonces cogí el plumón rojo mío. Sí, ese que tiene una tinta buenísima que no se cae. Ese mismo. Se lo di y le guié la mano para pintar una flor. Pero qué va. La flor le resultaba demasiado difícil. Entonces probé con un sol. Después de dos o tres intentos logramos hacer uno pero en eso tengo que dejarla sola no recuerdo por qué... ¿y tú sabes lo que pasó cuando regresé? ¡La niña había llenado de flores el papel! Nunca me había pasado algo así. Con aquellos soles la niña me hizo sentir realmente útil. No te puedes imaginar lo que eso puede representar para uno. Entonces me di cuenta que esos muchachos lo que necesitan es que alguien se encargue de desarrollar sus habilidades para que ellos puedan encausar su imaginación. ¿No es lindo eso...? 
Pero aquello no terminó ahí. La niña se pasó toda la tarde pintando y cuando nos íbamos no quería soltar el plumón. Quise convencerla de que un lápiz era mejor pero ¡qué va! No quería soltar el plumón para nada. Tú sabes que para mí ese plumón es sagrado. Le ofrecí caramelos, le hice mil monerías y nada. La gente esperándome para irnos y aquella chiquita, terca como una mula, seguía pintando solecitos sin hacerme caso. Yo sé que la solución no fue la más correcta, pero tenía que acabar de coger el plumón para irnos. Y en la desesperación vi el machete al lado mío. Aquello fue tremendo. La niña llorando con la manita cortada, los guajiros que me venían para arriba con palos y machetes. Tuvimos que salir de allí como alma que lleva el diablo. 
Por suerte pude recuperar el plumón. Desde entonces no se lo presto a nadie para que no haya problemas. ¿Pero sabes una cosa? A veces me pongo a pensar y me preocupa que nadie le haya enseñado a la niña a pintar soles con la mano izquierda. Ya te lo dije: esos muchachos sólo necesitan que alguien se preocupe por ellos, que se encargue de desarrollar sus habilidades para que puedan encauzar su imaginación...


Los “Pepes” en La Habana

Para los cubanos, los Pepes siempre ha sido per­sonas alegres, serviciales y con buen sentido del humor. Al parecer, el nombre de Pepito –personaje de los cuentos del niño travieso que se burla de todo–, viene de esta cualidad que tienen los Pepes.
También en nuestra historia hubo muchos Pepes ilustres, como José Martí, José de la Luz y Caballero, José Maceo, José Antonio Saco... y muchísimos más. De hecho, los Pepes en Cuba son personas muy queridas y recordadas, aunque se sabe que los Pepes no siempre han gozado de buenos momentos en la isla.
A partir de 1959, los Pepes fueron sustituidos por los Dimitriys, Sergeis, Gorkis, Vladimires, Grigoriys, Mijailes, Nicolais... sólo el nombre Pepito –el niño travieso de los cuentos–, logró sobrevivir en el medio de la nueva tormenta política que azotaba la isla. Para esa época, los chistes de Pepito enfilaron sus cañones contra los “pinchos” –funcionarios del régimen–, y contra “el loco”, “el caballo”, “el viejo”, “el uno”, “Chacumbele”... (léase Castro en todos los casos).
Mientras los cuentos de Pepito recorrían la isla sin ningún contratiempo, apareció en el viejo continente un personaje que no se creyó el cuento del socialismo real.  Mikhail con un solo disparo hundió el barco del socialismo en la Unión Soviética y toda la flota satélites socialista. Pero, el tiro le salió por la culata con “socialismo tropical” de la isla, que logró sobrevivir del “desastre mundial” gracia la ayuda de los valientes Pepes inversionistas españoles. Los Pepes llegaron a la isla construyeron lujosos hoteles y predicaron que venían a “democratizar la isla” con sus jamones, chorizos, aceitunas, vinos y unas cuantas pesetas para repartir.
A su llegada, los Pepes gritaron: “¡Chiicaaaas!” –en 1492 dijeron “¡Tierra!”–, y las jinetera  “¡Peepeeesss!”. Así, con cariñosos abrazos, comenzó una nueva etapa de felicidad para los Pepes en la isla. 
A nadie le importó esta vez si estos nuevos Pepes eran simpáticos o aburridos, tampoco si eran gordos, viejos, con malas pulgas o sin ellas, si usaban apargas o no, lo importante ahora para los isleños era “atrapar” a un Pepe, llevarlo a casa y resolver un “jim” de la “diplo”. 
Para los Pepes y Pepas –porque también llegaron muchas Pepas famosas–, compraron sexo barato, “cazaron” a los “indios” mostrando un boleto de avión para viajar a la madre patria. 
Todo marchaba a las mil maravillas. El régimen contento con las pesetas que traían los Pepes-inversionistas y los Pepes y Pepas turistas. Los Pepes se paseaban felices por las calles habaneras con sus mulatas o mulatos; uno más que otros u otras, exhibían en la TV española sus “trofeos” recien adquirido en la isla mientras contaban historias de sus aventuras en la isla.  
Pero llegó un mal día para los Pepes y Pepas. José María Aznar, el Pepe-presidente de la madre patria, condenó el fusilamientos de tres jóvenes y encarcelamiento de los periodistas y disidentes en la isla. El viejo casique de la isla montó en colera, ofendió –como es su costumbre– y confiscó el Centro Cultural de los Pepes en La Habana y puso a los Pepes, dueños de los hoteles, a temblar.
No dudo, que hoy día, Pepito –el niño travieso de los cuentos–, haya cambiado su nombre para Felipito para evitar que lo vinculen con el ex Pepe-presidente del PP de la madre patria.
LGF